jueves, 18 de septiembre de 2008

Segunda Etapa



Con inocencia y curiosidad encaramos hacia el primer PC de la prueba. LLegamos a las banderitas, controlamos nuestros cronómetros y nos pusimos a cumplir con la hoja de ruta. Ni bien alcanzamos los 90km/h que nos pedía la hoja escuchamos la primera contraexplosión. Parecía que ya se terminaba, pero no, el motor del DKW volvió a vivir. No por mucho. Lo alcancé a ver a Miguel Tillous haciendo unos paneos a la izquierda de la ruta aprovechando el amanecer y poco después el Deca se plantó. ¡Que mala suerte! Lo bueno que Miguel al menos nos sacó una foto en carrera...



El primer inconveniente fue la tuerca de sujeción del volante. Camino a Baradero la tuve que ajustar andando, un detalle, pero ahora la cosa se complicaba. LLamamos a Jorge, el mecánico del Club DKW que nos acompañaba, que en cinco minutos estaba desarmando los platinos. Cambiamos unas bujías y seguimos. Antes de llegar a Arrecifes se plantó de nuevo. Ahora el auxilio estaba ocupado con el 227 así que tuvimos esperando como una hora. Listo, la etapa ya estaba perdida, lo que quedaba era llegar a destino, pero sobretodo, ¡pasar por Los Cisnes!





LLegamos a Los Cisnes, alzamos más bujías de repuesto y una pastafrola para el mate. Ya para ese entonces teníamos otro malestar mecánico.En el arranque, el tren delantero temblaba como un terremoto, cuando alcanzaba la velocidad crucero se calmaba. -Le falta grasa a las crucetas- me dijo Jorge por teléfono. Cuando llegamos a Rio Cuarto confirmamos el diagnóstico y buscamos una fosa donde engrasar. No Había, seguimos hasta Baigorria. Con grasa en las crucetas volvimos a la normalidad y apuntamos a las sierras que se iban envolviendo en el atardecer.



Llegamos a Carlos Paz a las nueve y media de la noche, dos horas más tarde de lo previsto, pero llegamos. Allá nos esperaban mis primos, a esa hora con más entusiasmo que nosotros que llevábamos trece horas de auto y pocas horas de sueño. Nos fuimos a cenar para festejar el arribo y tratar de no pensar en la etapa del día siguiente...



A las doce de la noche mi viejo se fue a dormir y yo al cuartel general del DKW Club en la YPF frente al ACA. Jorge no paraba de repasar los autos y yo tenía el último turno. De vuelta a chequear los platinos, bujias, carburador... algo estaba mal, el auto apenas alcanzaba los noventa kilómetros, ni pensar en la montaña.



A las cuatro y media levantamos campamento, lo llevé a Jorge a su hotel y me perdí buscando el mío. Como en un sueño épico, estacioné el Deca en algún lugar y me tiré en la cama de una habitación donde de casualidad dormía mi viejo. No puse el despertador, no me daban las fuerzas.

3 comentarios:

Jorge Marchesin dijo...

Che loco, no le vas aflojar ahora! ni en pedo, que maneje tu viejo y vos a empujar, no hagas la Beltroise en Buenos Aires, de vez en cuando mirá para atrás!!
Que buena aventura, si tenés oprtunidad de charlar con Miguel Tillous, mandale saludos míos, somos los dos fotografos de la misma altura!!!nos hablamos de igual a igual.
mierda a montones!!
Jorge

Jorge Marchesin dijo...

Cuando vuelvas, comunicate que te voy a dar unos Platinos DODUCCO que tengo hace rato.

Anónimo dijo...

cuantos cojones guillermo, me imagino el orgullo de tu papa y su emoción por cumplir una asignatura pendiente. Que mejor compania que su hijo en un viaje así!

Dale para adelante y repórtate lo mas pronto, espero ansioso saber mas